Mi Maestro El Pulpo

Por: Álvaro Iván Amézquita C.

 

Uno de los animales marinos más fascinantes es, sin lugar a dudas, el pulpo. Hay varios reveladores estudios como los de Piero Amodio de la U. de Cambridge, de David Scheel de la Universidad de Alaska y de Frans de Waal de la Universidad Emory, en Atlanta, que muestran el nivel de inteligencia de este particular molusco que lo lleva a hacer cosas sorprendentes. Los pulpos logran crear cúpulas protectoras recogiendo conchas del fondo del mar, lo que les ayuda a escapar de sus depredadores y utilizar herramientas como cáscaras de coco que, en ocasiones las recogen de la playa, para hacer refugios y protegerse. Estas son tan solo algunas muestras que ponen en evidencia la destreza y coordinación de sus ocho brazos y de sus cientos de ventosas que conforman su extraño cuerpo que parece el de un alienígena. Además, los pulpos tienen la capacidad de camuflarse; de cambiar de color en función del contexto en el que se encuentran. Y, por si fuera poco, científicos como Eli Eisenberg de U. de Tel Aviv, han encontrado que estas extrañas criaturas son capaces de manipular su código genético. Esto lo logran por sí mismos, sin necesidad de estudiar ingeniería genética y sin contar con laboratorios de avanzada.

Pues bien, recientemente Netflix lanzó un impactante documental cuyo protagonista principal es precisamente un pulpo. Este documental, que tiene un nombre bastante particular, “Mi maestro el pulpo” (My Octopus Teacher), nos ofrece ver en toda su dimensión el comportamiento de este fantástico animal. Lo vemos, entre otras cosas, creando cúpulas protectoras de conchas, camuflarse, armando increíbles refugios y engañando a sus depredadores como el temible tiburón gato. Pero el documental no solo muestra las capacidades intelectuales y creativas de los pulpos. Va mucho más allá. Nos revela una capacidad poco estudiada, la capacidad para establecer vínculos afectivos con seres humanos.

No por casualidad, el foco principal del documental está en contarnos una particular amistad que se crea entre una hembra pulpo y el cineasta ambientalista Craig Foster. Se trata de una amistad que se extiende por poco más de 324 días y que se va construyendo poco a poco. Esta amistad arranca después de que Craig nadara durante varios años en el océano de punta de África. En una de sus habituales inmersiones Craig se encuentra con un curioso pulpo que llama su atención. Decide visitar su refugio diariamente en un bosque de algas y seguir cautelosamente sus movimientos durante meses, hasta lograr ganarse su confianza. A partir de ahí, se comienza a desarrollar un particular vínculo, tal vez, nunca antes visto entre esa extraña criatura y un ser humano.

Al inicio, como lo revela el mismo Craig, no fue sencillo establecer esa conexión, pero una vez establecida la amiga pulpo le va compartiendo su modo de vida, los misterios de su mundo, sus maneras de divertirse, sus estrategias para protegerse de los depredadores y para cazar, así como todo lo que tiene que hacer para alimentar a sus crías; algo que le resulta perturbador a su amigo humano, pero que revelaría una expresión de amor y desprendimiento que, con seguridad, ninguna persona estaría dispuesta a hacer. Lo que sorprende es que, a diferencia de lo que ocurre con otros animales, la pulpo no espera nada a cambio como comida o algo por el estilo, por demostrarle afecto a Craig. Es algo que brota de manera natural.

Los que somos amantes de la vida marina ya teníamos alguna referencia sobre la capacidad de curiosidad e inteligencia de estos animales, pero notar en ellos sentimientos como la empatía por un ser humano es algo que resulta muy inspirador para una especie como la nuestra que, aún no ha logrado hallar las claves de una sana convivencia.

“Lo extraño es que cuanto más te acercas a ellos, más notas lo similares que son a nosotros, en muchos sentidos”.

– Craig Foster –

Pero este pulpo, además de lograr una conexión emocional con una persona, llega a convertirse en una suerte de maestro, lo que puede sonar un tanto absurdo para algunas personas que no conciben la idea de que los animales sean algo más que seres sintientes e instintivos. Existen varios estudios que han demostrado, desde hace varias décadas, que los animales no solo sienten, sino que piensan, razonan, algunos se reconocen en el espejo y tienen conciencia de los otros, y hasta de la muerte como sucede con los delfines y elefantes. Esto lo podemos constatar en un documental realizado por la BBC en donde se explora el estado de conciencia de los animales en general. Nos referimos al documental “La mente animal: ¿tienen conciencia los animales?”.

El video puede verse en este vínculo: https://www.youtube.com/watch?v=uVv94phiV0Y

Es más, existen animales con la capacidad de autoevaluarse y autocorregirse, pues si no fuera así, no cambiarían, por ejemplo, de estrategia de caza ante algún fracaso. Eso no es una cuestión de instinto o de impulso, es un asunto de estrategia y para ello deben pensar, ponerse de acuerdo, decidir cómo lo hacen. Un ejemplo son las hienas. Ellas cuando atacan a sus presas grandes no se dirigen a la misma parte del cuerpo, ni todas atacan a la vez, se distribuyen estratégicamente y a ciertos tiempos para impactar diferentes puntos de su víctima hasta inmovilizarla completamente.

A juicio del etólogo holandés Frans De Waal, quien lleva más 30 años estudiando el comportamiento animal, los animales no sólo son capaces de construir herramientas, sino de cooperar, planear, consolar y hasta reaccionar ante la injusticia. Precisamente uno de sus experimentos más celebres es sobre el sentido de la justicia en los monos. El experimento muestra cómo un mono capuchino al darse cuenta de que otro mono recibió una recompensa mayor por haber hecho la misma tarea, reacciona de manera airada, sacudiéndose de forma agresiva. De Waal asegura que el sentido de la justicia es esencial en una especie cooperativa, ya que «hacemos cosas juntos y esperamos beneficios similares». Concluye diciendo que la justicia que se aprecia no solo en monos, sino también en cuervos y perros, no es exclusivo de los seres humanos.

El experimento puede verse en este vínculo: https://www.youtube.com/watch?v=GWbuczuadHw

Por lo anterior, De Waal defiende una nueva perspectiva, en la que el ser humano no tiene ninguna supremacía sobre los animales. Asegura que la idea misma de una jerarquía de superioridad está mandada a recoger y que corresponde a un modelo ya superado. Recordemos que para Aristóteles los animales no poseen el alma intelectual. Por su parte, Descartes en el Discurso de método, definía a los animales como puras máquinas que se mueven y funcionan gracias únicamente a la disposición de sus órganos. Por ello, para De Waal, estamos en mora de apreciar las capacidades de otros seres del planeta.

«Me enamoré de ella, pero también de la asombrosa naturaleza que representaba y de cómo ella me cambió la vida».

Craig Foster-

Ahora, para saber qué fue lo que le enseñó a Craig esta extraña criatura que parecería venir de otro mundo lo mejor es ver este hermoso documental que fue grabado en un bosque de algas en Sudáfrica y estuvo bajo la dirección de Pippa Ehrlich y James Reedha, mientras que la fotografía submarina estuvo a cargo del amigo de la pulpo y nominado al Emmy, Craig Foster, quien también es uno de los fundadores del proyecto Sea Change.

Sin duda, este documental es digno de verlo, ojalá en familia, para aprender juntos de la naturaleza y para aprender a valorar la vida de todo ser vivo que habita en nuestro planeta. Nos confirma, siguiendo a De Waal, que el ser humano no es el único ser en la tierra que piensa, crea y sueña. Hay especies no solo inteligentes, sino capaces de amarnos, paradójicamente, a pesar del daño que les podemos causar como lo revelan las investigaciones del etólogo estadounidense Carl Safina. Pero reconocer eso nos exige desprendernos de ciertos prejuicios que nos enceguecen ante la maravilla del mundo animal. Seguir pensando que solo los humanos somos seres inteligentes y que la naturaleza está a nuestro servicio es tal vez uno de los mayores errores que nos ha llevado a convertirnos en los principales depredadores del planeta. Por otro lado, este documental nos muestra que los verdaderos maestros son aquellos que nos inspiran y nos impulsan a descubrirnos, a reactivar fibras sensibles de nuestro ser y esto fue lo que este pulpo precisamente le enseñó a Craig Foster.

 

Medellín, septiembre de 2020.